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El redescubrimiento de un gran tinto argentino

No tan difundidos en nuestro país, los vinos Bonarda ocupan un lugar de excelencia. Se caracterizan por su color intenso y marcados aromas frutales. El mercado ofrece muchas opciones y variedad de precios. Y los Sommeliers se encargan cada vez más de su difusión.

Cuando pensamos en un vino tinto representativo argentino, automáticamente nos acercamos al Malbec, con su calidad e identidad indiscutida. Pero su fama opaca, a veces, el reconocimiento comercial del panorama vinico de otras variedades menos difundidas. Tal es el caso de la Bonarda, variedad tinta con gran desarrollo en nuestro país y con una historia cambiante.  Reflejo de su importancia es la superficie cultivada, segunda entre las tintas, luego del Malbec (24.379 has.) y bien cerca del Cabernet Sauvignon (17.964 has.) con 18.435 hectáreas.

Fueron los distintos tratamientos productivos que lo han posicionado como un vino de mesa, donde lo hemos encontrado, por ejemplo, formar parte de los llamados borgoñas locales, encasillándola  en un segmento poco prometedor.

Pero como la industria vitivinícola ha evolucionado, también lo ha hecho esta variedad, que con procesos adecuados, esta aportando vinos de significativa calidad. Estos vinos, de color intenso y marcados aromas frutales, son agradables y plenos al tomarlos, con una fortaleza gustativa que nos permite combinarlos con carnes asadas, quesos maduros y platos especiados. Ideal para aprender o entender los conceptos del maridaje o acuerdo entre vinos y comidas, dada su docilidad gustativa.

Los sommeliers apuestan fuerte a esta variedad, incluyéndolo en sus cartas de vinos.

Es hoy el Bonarda, entonces, un vino que permite posicionarse como un referente importante entre la destacable producción argentina.

Raymundo Ferraris
Sommelier